SANGA: LAS RAZAS AFRICANAS CONQUISTAN EL NORTE ARGENTINO

NOTA del Diario Norte (Editorial Chaco S.A.) del 25 de Octubre de 2007

LAS PIEDRITAS (Especial de Agencia Charata)— Ubicado en la región subtropical, en la misma línea que Sudáfrica, el Gran Chaco Paraguayo es el lugar ideal para el desarrollo de las razas africanas. Con esa razón de peso, la provincia del Chaco, corazón productivo del Norte Argentino, fue elegida hace 10 años por empresas oriundas de Córdoba para desarrollar las razas Sanga de origen africano, adaptadas a condiciones extremas de temperatura y capaces de producir carne de calidad similar a la del ganado británico que habita la Pampa Húmeda.
Desde hace años, animales de genética africana de la raza Tuli son utilizados para crear un nuevo ganado sintético compuesto, el San Ignacio, que día a día gana terreno en esta parte del país y capta las miradas de los ganaderos de estas pampas.
Es más, la adaptación a la zona de los primeros animales llegó a tal punto que, en pocos días más, comenzará a criarse a campo el Tuli Argentino, la máxima expresión del avance de la genética bovina pensada para la región. La iniciativa pertenece a la Asociación de Criadores de Ganado Sanga Africano. Y el establecimiento “Las Marías”, ubicado en Las Piedritas, a 40 kilómetros de la ruta 16, será el laboratorio para el programa denominado “Tuli Puro Controlado”.
Precisamente allí se realizó el viernes 19 la 2º Jornada Sanga primera en el Chaco-, organizada por dicha Asociación. Antes, el jueves 18, la propuesta había comenzado en dos establecimientos ubicados en la zona de Pampa del Infierno y Río Muerto, El Carandá y El Timbó, propiedad de Juan Gustavo Minetti. Durante los dos días, unos 70 productores de ambas regiones observaron y evaluaron a campo las bondades de los Sanga Africanos.
Hasta el establecimiento agropecuario Las Marías llegó NORTE Rural para ser parte, junto a un puñado de productores del sudoeste, de un programa que incluyó una charla introductoria, una recorrida a campo para observar las distintas categorías de animales que se crían y, como broche de oro, un asado con degustación de carne de la raza San Ignacio. Y no quedaron dudas de que los productores chaqueños y de todo el NEA tienen a su alcance las mejores herramientas genéticas para aumentar los índices productivos del ganado y el valor de sus productos. La adaptación de estos animales a las condiciones climáticas y sanitarias de esta zona es el mejor botón de muestra del potencial que tiene aquí la ganadería argentina.

El precursor en Argentina
Como todo, la llegada al país de las razas africanas y su posterior cruza para formar razas sintéticas, tuvo una mente brillante que gestó la idea hace ya varias décadas.
El ingeniero agrónomo Oscar Melo, ex decano de la Facultad de Ciencias Agropecuarias de la Universidad Católica de Córdoba y presidente de la Asociación de Criadores de Ganado Sanga Africano, fue el precursor en la investigación realizada en el continente africano de razas que podían adaptarse a las condiciones climatológicas del norte argentino. A fines de la década del ‘80 realizó la primera visita a Africa para observar distintos tipos de ganado Sanga Africano y de forrajeras para la alimentación.
El interés fue tal que el grupo de técnicos liderado por Melo comenzó a pensar cómo importar semen desde Africa. Pero dadas las barreras sanitarias (enfermedades) existentes entre ese continente y Argentina, la única forma era traerlo vía Australia (Isla de Borneo), donde se habían implantado los primeros embriones Sanga. Sin embargo, los australianos no estaban dispuestos a venderle su descubrimiento a la Argentina, un directo competidor en el mercado cárnico. Entonces, se realizó una triangulación de la operación vía Canadá para que la genética llegara finalmente al país.
En 1992 fueron probados en la Universidad Católica de Córdoba los primeros embriones importados. Se formuló un programa de cruzamiento que medía la habilidad combinatoria de la raza Sanga con las que se utilizaban en Argentina. “Los resultados fueron muy buenos”, recordó el ingeniero Melo. Por eso, volvió a Africa y repitió la experiencia australiana de congelar embriones. Fue un emprendimiento conjunto con una empresa canadiense que se interesó por el proyecto de desarrollo de razas africanas en el norte argentino. Para esa época, ya se había descubierto una técnica internacional que evitaba la transmisión de enfermedades.
Allí recién comenzaba la historia. Porque además de trabajar con razas originarias de África (como la Tuli), los académicos empezaron a pensar en crear razas sintéticas.
La lógica inspirada en el plan del profesor Jan Bonsma (creador del Bonsmara en 1937) funcionó a la perfección. Con genética derivada de mejores razas que las utilizadas en la “mezcla” del académico, los argentinos lograron dar forma a un plan moderno, con biotecnología. Era un esquema de selección por producción y con genética argentina. Así nació el “Programa San Ignacio” y comenzó el desarrollo de las razas Sanga puras, como el Tuli, en Argentina.
El nombre “San Ignacio” tiene una razón: Melo, al frente ya de la Facultad de Ciencias Agropecuarias, solicitó al entonces rector instituir esa denominación en honor al patrono de los Jesuitas (la orden a la que pertenece la Universidad Católica).

El norte es el lugar
Ya en la década del ’70, este hombre, visionario como pocos, decía a quien quisiera oírlo que el Norte Argentino tenía un gran potencial para producir carne. La tierra estaba, pero hacía falta tecnología.
En 1979, cuando asumió el decanato de la Facultad, destinó recursos para investigar genética y recorrió el mundo buscando soluciones que mejoraran la calidad de producción en el sector ganadero. No se limitó a los animales, sino que también estudió las pasturas subtropicales para alimentarlos.
Nada era cuestión de capricho, sino de una íntima convicción y de toda la sabiduría y visión necesarias. “Cuando tuvimos los pastos, comenzamos a pensar qué animales los comerían. Y los Tuli viven naturalmente en estos ambientes subtropicales. Así cerraba la cadena”, contó el ingeniero Oscar Melo.
“Para aprovechar las pasturas, debemos tener un nivel de producción alto y producir carne de calidad e igual valor que en la Pampa Húmeda. Así, desterramos el mito instalado de que el Norte produce carne de baja calidad”, explicó.
Otra idea era trasladar la ganadería de la región central hacia zonas marginales. ¿Cómo? Cruzando las vacas de la Pampa Húmeda con razas africanas y criándolas en el Norte, adaptadas a estas condiciones.

Comparar para elegir
Conocer las características de distintos grupos raciales servirá para echar un poco más de luz a la hora de elegir el ganado para criar en distintas latitudes.
Las razas cebú (Bos Indicus) y sus cruzas se caracterizan por la resistencia al calor y a los ectoparásitos, facilidad de parto, longevidad, bajo desempeño reproductivo y menor terneza de la carne en comparación con las haciendas de origen británico. El ganado europeo (Bos Taurus) supera a los cebuinos en precocidad sexual y calidad de carne, pero en regiones con alta temperatura demuestra intolerancia al calor, menor vitalidad de los terneros al nacer y debilidad ante los ecto y endoparásitos.
El ganado Sanga Africano es originario del extremo sur de África. En la región de Botswana, un grupo de criadores desarrolló un ganado multipropósito (carne, leche, cuero y trabajo). Luego, seleccionaron los animales más productivos en la Estación Experimental Tuli, ubicada en la región del mismo nombre.
Y, de la mano de la Asociación de Criadores de Tuli, la raza se difundió por todo Zimbabwe, demostrando gran adaptabilidad, rusticidad y resistencia a parásitos externos, garrapatas y mosca de los cuernos.

Igual que las británicas
Según datos del Clay Center, de Nebraska (EE.UU), el mayor centro de testeo bovino del mundo que realiza pruebas a todas las razas productoras de carne, el ganado Tuli mostró mayor precocidad y fertilidad comparado con razas continentales, y otras como Hereford, Angus, Brahman y un cebú africano.
En características sensoriales como resistencia al corte, terneza, marmoleado, sabor y jugosidad el Tuli no pierde terreno. Usando la raza para realizar cruzas, no se deteriora en nada el potencial de las británicas. Pero presenta algunas debilidades: crece menos que las razas europeas y tiene menor aplomo (por el crecimiento de las pezuñas).
Con todos estos elementos en mano, productores ganaderos tradicionales de la región comienzan a pensar seriamente en sumar a sus planteles bovinos las razas africanas. O la sintética San Ignacio.
El modelo de Las Marías es también un espejo donde pudieron mirar y comprobar el exitoso proceso productivo. Algunos no esperaron demasiado, e hicieron punta durante las Jornadas, adquiriendo algunos toros para iniciar la reproducción en sus propios campos.